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Hace 13 mins

Son los días de la derrota

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Tal vez fue Aristóteles quien dijo que no se puede pensar con un dolor de muela, pero lo que nunca imaginó el filósofo es lo difícil que se pone la tarea cuando te toca pensar, escribir y producir cargando en tus entrañas con un dolor no de muelas sino de patria, como una tusa insoportable.

No hay cómo describir la sensación de derrota al advertir —abatido, horrorizado, estupefacto— que a partir de ahora y durante años, por lo menos cuatro, despertarás a cada nuevo día con la certeza de que vivirás y quizá morirás en un país gobernado por un delincuente de lesa humanidad que logró la retoma del poder perdido gracias a una hábil estratagema consistente en ofrecer la figura de un monigote suyo con carita de yo no fui para resolver los supuestos males que nos trajo la paz de Juan Manuel Santos.

De un tiempo para acá hay días en los que despiertas impregnado por la sospecha de que no vas a resistir la embestida de la fiera sedienta de venganza apareciendo día y noche en todos los noticieros con su sonrisa sardónica y su semblante hipócrita de párroco afligido. Crees que vas a reventar, porque sabes que cualquier denuncia o cosa nueva que pretendas publicar resbalará como el agua sobre las alas de un pato y nada de lo que pretendías cambiar será posible desde aquel infausto 17 de junio en el que te subieron al tren de la Historia Nacional de la Infamia, un expreso a la incertidumbre más tenaz del que no te puedes bajar ni echar marcha atrás, atado a la noria del destino bárbaro que te impusieron unas mayorías indolentes, cobardes, alienadas hasta el tuétano por el miedo ancestral a todo lo que represente dejar de obedecer a los mismos amos.

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Una nación enferma que en el plebiscito de 2016 rechazó la paz, en la elección presidencial de 2018 votó por continuar la guerra y el día de la consulta anticorrupción les dará un sonoro espaldarazo a los políticos corruptos para que sigan robándose el país a manos llenas, porque les harán creer que las promotoras del referendo son un par de lesbianas que van a acabar con las buenas costumbres, y todas esas recuas de ignorantes en disciplinadas filas se tragarán entero el pánico al rayo homosexualizador… y los criminales ganarán de nuevo la partida.

Son los días en que descubres que necesitas cambiar de tema en tu próxima columna para no volverte loco, y te acuerdas de un poema de Jotamario Arbeláez que se amolda como traje a la medida de la malparidez existencial que te asiste, pero agregándole una palabra entre paréntesis:

Si sale el sol es para arruinar la cosecha.

Si se presenta la lluvia se desbordan los ríos.

Si encendemos la chimenea se quema la casa.

Si abrimos la ventana se nos entra un murciélago.

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No es que el Señor haya perdido el control del planeta.

Es que mi amada (patria) está enferma.

Son además los días en que descubres que la selección que tu memoria hizo de ese poema no fue fortuita, porque no es que tu amada esté enferma, sino que justo en medio de la tormenta decidió dejarte como Ulises atado al mástil de su propio infierno, y ruegas al Altísimo que vengan días mejores para la patria o que al menos tu amada te perdone por haber dicho lo que nunca debiste decir en el momento menos indicado…

Es cuando presientes que te estás metiendo en camisa de once varas al permitir que en cada inevitable nuevo trazo de tu pluma quede la huella inerme de tu corazón adolorido, de tu insufrible desazón, porque has desconocido que la procesión debe ir por dentro y a contrario sensu dejaste escapar al viento tu congoja por partida doble, por la desgracia de país que te tocó sobrellevar y por la tragedia del amor ausente.

¡Es el hastío! 

¡El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!

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A los objetos sórdidos les hallamos encanto

e, impávidos, rodeados de tinieblas hediondas,

bajamos hacia el Orco un escalón diario.

(…)

Lector, tu bien conoces al delicado monstruo

-¡Hipócrita lector- mi prójimo- mi hermano!

Charles Baudelaire, Au lecteur

Son los días en que anocheces tarareando el estribillo de Miguel Hernández, en la versión de Serrat: “Menos tu vientre, todo es confuso”. Ante el delirio del absurdo, embotado por un hálito poético-romántico-depresivo, te entran unas ganas irresistibles de rematar con los dos tercetos finales de un soneto perteneciente al mismo poeta español que fue condenado a pena de muerte por el régimen del dictador Francisco Franco pero se le conmutó a 30 años de cárcel que no pudo cumplir porque murió de tuberculosis en una prisión de Alicante:

Me callaré, me apartaré, si puedo

con mi pena constante, instante, plena,

a donde ni has de oírme ni he de verte.

Me voy, amor, me voy pero me quedo,

pero me voy, desierto y sin arena:

adiós, amor, adiós hasta la muerte.

DE REMATE: Imagino las reacciones uribistas a esta columna: “Supérelo, mamerto, deje gobernar, váyase pa’ México”. A lo cual podría responder que “me parece buena idea, pediré asilo en México. O les venderé aguacates hass. Allá sí se impuso la cordura, manitos”. 

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En Twitter: @Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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