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Hace 8 mins
Columnista invitado

Lo que se regala...

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Por Germán Axel Navas*

En aras de aleccionar sobre el respeto por la palabra empeñada, los abuelos enseñaban dichos y refranes que tendían a eso, uno de ellos expresa: “Lo que se regala no se quita, porque se vuelve una bolita y el Diablo se la quita”. No obstante esa muestra de la sabiduría popular no tiene plena aplicación en el derecho, pues hay casos en los que la ley permite recuperar los donativos sin necesidad de que don Sata intervenga. Esta eventualidad es viable, nada más ni nada menos que entre los novios, en los que es legalmente factible. Definitivamente las peleas de amor sirven para todo: desde argumento para grandes obras literarias; inspiración para piezas musicales como óperas y zarzuelas, u otras más sanguinarias como los tangos y canciones de despecho; hasta para la existencia de normas para “maleducados”.

La disposición en cuestión es el artículo 112 del Código Civil que hace parte del Título de la promesa de matrimonio, el cual señala: “Lo dicho (se refiere a la imposibilidad de cobrar multas por arrepentirse de casarse) no se opone a que se demande la restitución de las cosas donadas y entregadas bajo la condición de un matrimonio que no se ha celebrado”. Lo transcrito, ubicándolo en una escena de la vida real, hace referencia al caso del enamoradísimo novio, que después de empeñar esta vida y la otra, le regala a su amada el famoso anillo de compromiso, el cual es recibido con lágrimas de emoción por la doncella (recuérdese que se está ante una mera hipótesis), quien luego de ponerlo en su dedo y mandarlo a avaluar, concluye que la soltería es muy bella y planta a su endeudado pretendiente.

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Es aquí entonces donde el refrán de la abuela se enfrenta a la dureza de ley, generándose cuestionamientos tales como: ¿Deberá el Romeo burlado hacer gala, una vez más, de su gentileza y resignarse a quedarse sin novia, sin anillo y sin sueldo, pero con una imagen de caballero sin igual? O por el contrario: ¿Deberá gastarse el sueldo de la tercera y la cuarta vida en contratar un abogado que le recupere, sino el orgullo, por lo menos la argolla? ¿Será que el Diablo al que se refería la abuela es el abogado que tendrá que buscar?

Y es que en estas historias de romance y de dolor a las que se les mete derecho, también hay unos terceros, no los chismosos, que igualmente resultan perjudicados por la bobería del novio y los brincos de la novia…: los invitados a la boda, quienes luego de recibir la invitación acompañada de la consabida lista de regalos, entregan su presente y se quedan sin baile y sin “buffet”. O sea, volviendo a los dichos: “Los dejan con los crespos hechos”.

* Magistrado Auxiliar del Consejo Superior de la Judicatura

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