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12 Sep 2018 - 12:00 AM
Construir democracia

El Gobierno y nuestro Estado

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Según sea el concepto que tengamos del Estado, vamos a estar en presencia de proyectos neoliberales o socialdemócratas; individualistas o solidarios; partidarios del statu quo o de los procesos de cambio social.

Han transcurrido los primeros 30 días del gobierno del señor presidente Duque y al revisar las designaciones de ministros, viceministros y altos cargos del Estado, sabemos que –salvo pocas excepciones- puede sostenerse que, desde los años setentas hasta el presente, no habíamos tenido un grupo de tecnócratas tan altamente calificados para el ejercicio del poder. Pues bien, esto es un buen presagio, ya que no es posible, como está demostrado, cristalizar una democracia sin tecnócratas y burócratas competentes. Los errores sistemáticos cometidos, especialmente por los últimos gobiernos, nos indican que los presidentes Pastrana, Uribe y Santos han actuado, sobre todo, politiqueramente infringiéndole grandes perjuicios al sistema político democrático. Y por supuesto que, en medio de desaciertos de naturaleza estructural, debe destacarse el avance obtenido en el gobierno Santos, específicamente en lo relacionado con la firma del Acuerdo del Colón, las orientaciones y prácticas generales de su política internacional y el desarrollo de la infraestructura (carreteras, aeropuertos, acueductos y vivienda)

Quien estudie la complejidad actual del momento internacional y su relación con la situación política colombiana, debe saber que nuestro país se encuentra en una posición privilegiada en relación con el conjunto latinoamericano. No debemos olvidar que las más importantes instituciones internacionales y los más significantes gobernantes de nuestro tiempo, están comprometidos explícitamente con el apoyo a la cristalización democrática de nuestro proceso de paz. Este hecho político es de una gran importancia y espero que el señor presidente Duque, que conoce la trascendencia de la variable internacional, sepa conducir apropiadamente  –con las variaciones viables- la implementación del Acuerdo del Colón.  Ahora bien, para orientar apropiadamente esta fase, se me presenta indispensable pensar cuidadosamente en el papel que debe desempeñar nuestro Estado. Entre nosotros el Estado debe ser la institución jurídico-política racionalizadora de los intereses generales que, a través de los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y electoral, institucionaliza y dinamiza sus funciones para facilitar la gobernabilidad. Si el Presidente quiere acertar en la formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas, tenemos que conocer muy bien el contexto de la América Latina, Norteamérica, la Unión Europea, África, China y el grupo de países emergentes del Asia.

Según sea el concepto que tengamos del Estado, vamos a estar en presencia de proyectos neoliberales o socialdemócratas; individualistas o solidarios; partidarios del statu quo o de los procesos de cambio social. Es necesario, por tanto, un ente interventor que racionalice el interés público; que defina políticas públicas graduadas hacia la apertura de oportunidades de desarrollo humano sostenido, con perspectiva de género y dimensión participativa, desde los ámbitos locales y regionales. Al pensar en desarrollar la modernidad en Colombia, se presenta fundamental que el Estado ejerza su función mediadora y reguladora, permitiendo cristalizar la gobernabilidad democrática.

El manejo del Estado y de las nuevas relaciones entre los sectores público y privado, implica saber hacia dónde se va, cuál es el proyecto que tenemos y cuál es el tipo de sociedad que estamos construyendo. Frente al proceso de reconfiguración mundial, hay que emprender transformaciones que apunten a la sociedad global y no sólo a la instancia económica.

El concebir el Estado como institución jurídico-política racionalizadora de los intereses generales, implica un cambio en la racionalidad y operatividad política, administrativa, económica, técnica y financiera del mismo. La concreción en Colombia del proceso de modernización, conlleva el desarrollo articulado de: la descentralización; la regionalización; la planeación indicativa participativa y la democratización, dentro de un Plan de Desarrollo sostenido. Para ello debemos prepararnos, si de veras el gobierno desea pasar a la historia. Así mismo, si los planes de desarrollo futuros y las políticas de nuestro Estado, no se orientan en el anterior sentido, percibo un alto peligro para la estabilidad democrática de nuestra gran Nación.

No olvidemos que la capacidad tecnopolítica del Estado debe ser fortalecida; debe ser actualizada para la adecuada formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas. Complementariamente, en un régimen presidencial como el colombiano, es indispensable el fortalecimiento del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, observando los presupuestos sustantivos de un Estado de derecho. Se trata de impulsar una administración pública de calidad; y servir con eficiencia y eficacia, en el interior de las organizaciones estatales, es tener sentido de la historia; es saber que se están administrando bienes públicos y que se está trabajando con personas, no con objetos intercambiables y desechables.

Y una última reflexión: Recordando la voluntad política manifestada por el señor presidente Duque, el día de su posesión, el régimen presidencial colombiano tiene la oportunidad de reorganizarse, de tal manera, que sus políticas permitan prevenir y reprimir a quienes delinquen, por altos que sean sus cargos o designaciones. Y en este proceso, es sustantivo que se retome y fortalezca el papel decisivo que deben desempeñar la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría, complementado con la labor que debe cumplir la Escuela Superior de Administración Pública -bien dirigida y organizada- así como la Escuela de Alto Gobierno, retomando la labor estratégica para la que fue fundada.

Esperemos entonces, los primeros 100 días, para avizorar hacia donde vamos.

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