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Tue, 09/11/2018 - 00:00

Es posible enderezar las negociaciones con el Eln

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La incapacidad de ponerse de acuerdo sobre la liberación de las personas secuestradas por el Eln parece haber dejado en un limbo incierto a las negociaciones de paz y pone en entredicho la disposición del Gobierno y de la guerrilla para avanzar con seriedad en ese propósito.

El pasado 7 de septiembre, al vencerse el plazo para reanudar los diálogos de paz con el Eln, el presidente Iván Duque sostuvo que volvería a negociar y reiteró sus condiciones para hacerlo: que esa guerrilla libere a los secuestrados que todavía se encuentran en su poder y cese todas las actividades criminales. Ayer, tras confirmar que ya se encontraba en marcha el proceso de liberación de cuatro uniformados y dos contratistas secuestrados en el departamento Chocó, el alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, emitió un comunicado en el que se habla de 16 personas que todavía se espera sean liberadas para proceder con la reanudación. Ese total al que se refiere son quienes han sido secuestrados a lo largo del tiempo por la guerrilla.

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Ceballos precisó que no habrá de nuevo una fecha límite y que “el tiempo está en la cancha del Eln. El único plazo es superado por las acciones. El Gobierno hubiera podido levantar el espacio de diálogo y la suspensión de las órdenes de captura, pero no lo ha hecho, y mantiene vigentes los permisos para los gestores de paz. Esperamos, una vez se liberen los secuestrados, poder sentarnos para construir una agenda creíble en donde se garantice que no habrá más secuestros, que no habrá más reclutamiento de menores, que no habrá más voladuras de oleoductos y que tampoco habrá participaciones en el negocio ilegal de narcotráfico”.

Ante la insistencia del Gobierno en el tema de los secuestrados, el Eln ya había emitido un comunicado el mismo día en el que expresaba que, “al desconocer los acuerdos hechos con el Estado y colocar unilateralmente condiciones inaceptables, este Gobierno está cerrando esta mesa, acabando el proceso de diálogos y los esfuerzos hechos desde hace varios años por el Eln, la sociedad, el anterior Gobierno y la comunidad internacional”. Una vez más, la guerrilla peca por esa arrogancia que la ha caracterizado en el pasado, cayendo en la misma intransigencia de la que acusa a un gobierno recién llegado que bien podría haber desbaratado lo construido hasta ahora.

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Aun así, ninguno de esos hechos es razón suficiente para dar al traste con un proceso que ha traído beneficios tangibles, como los ceses del fuego unilaterales decretados para las elecciones de este año, y que han permitido que las negociaciones avancen. Aunque es una obligación irrenunciable del Gobierno abogar por la libertad de todos los secuestrados, no hay que desconocer que las recientes liberaciones avanzan en este propósito. Más aún, el presidente Duque parece haber comprendido que los ultimátums rotundos e inamovibles no siempre son realistas y pueden ir en detrimento de un proceso de esta naturaleza. El no haber levantado la mesa definitivamente y haber reiterado su disposición de negociar después de vencido el plazo inicial es una buena señal, aunque insuficiente.

El Gobierno y el Eln no pueden perder de vista que este es un momento crítico para las negociaciones, que presenta, al mismo tiempo, una oportunidad. La guerrilla incluso reconoció en el mismo comunicado que ya hay un camino recorrido y unos acuerdos inéditos que no se deben echar por la borda. Nunca antes el Eln había pactado una agenda de diálogos, ni firmado acuerdos de cese del fuego, así como no había expresado la voluntad de llegar a un acuerdo de paz con un gobierno.

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No se puede hablar de disposición de parte y parte si ambos bandos se atrincheran en posiciones inamovibles a la espera de que el otro ceda. La búsqueda de la paz negociada es un camino difícil y espinoso, pero el único que la hace viable a largo plazo. Como escribió Patricia Lara en su columna para El Espectador, “más flexibilidad y más comprensión de las partes podrían salvar esta paz”.

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