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17 Jul 2018 - 9:00 PM

Cuando el futuro no está claro

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El futuro en Colombia nunca ha estado claro. Siempre, desde que tengo recuerdos, ha habido nubarrones en el horizonte. Me dirán que en otros países tampoco se sabe qué vendrá, a lo que yo respondería que en ellos tal vez abunden las sorpresas, pero es raro que no se pueda vislumbrar dónde estarán las cosas en, digamos, diez años. No solo hablo de países prósperos que han logrado instalar dinámicas virtuosas, sino también de los que están en la olla. Cabe poca duda de que Haití seguirá en crisis en diez años y es casi seguro que Venezuela, haga lo que haga, pasará por lo menos un par de décadas postrada, mientras que Chile, Costa Rica y Uruguay, para no salir de América Latina, vivirán altibajos, pero uno no espera que lleguen a panoramas irreconocibles en 2028. Otros países de la región se asemejan a Colombia en que tienen futuros inciertos: Brasil, Argentina, México. En diez años los tres podrían estar mucho mejor o mucho peor que hoy.

Hay allí sociedades y economías dinámicas, poblaciones con potencial, así como sistemas políticos disfuncionales. Muy en particular ronda la incertidumbre de los populismos antagónicos. Aunque existen los de derecha, los de “izquierda” son más viejos y tienen más historia, y uso la palabra entre comillas porque esta orientación se ha vuelto crecientemente confusa.

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El populismo latinoamericano clásico lo forjó Juan Domingo Perón. Una condición indispensable para implantarlo fue en contar con rentas cuantiosas —y vaya que en 1946 Argentina tenía las arcas llenas— para beneficiar a un sector de la población, menospreciando a otros y sin preocuparse por la sostenibilidad del modelo. A Perón lo tumbaron en 1955, de modo que no hubo tiempo para la destorcida. Hugo Chávez recurrió al mismo modelo —y entre 1999 y 2014 la renta petrolera venezolana sumó la astronómica cifra de un millón de millones de dólares—. Ahora no hay comida, medicamentos ni prácticamente nada. El chavismo, según eso, duró demasiado en el poder y será recordado por la actual debacle, no por los años de abundancia.

Mientras que Iván Duque, según lo va revelando su gabinete, no será un populista de derecha por el estilo de Álvaro Uribe —su mentor—, López Obrador se posesiona en diciembre en México después de un triunfo aplastante. Rara que es la vida, quien pronunció el discurso el día del triunfo en el Zócalo fue un AMLO perplejo. Sobra decir que no encontrará las arcas llenas que encontró Perón ni mucho menos le tocará un chorro de dinero colosal, como el que le cayó a Chávez del cielo. No sabemos, por ello, qué clase de gobierno hará AMLO: ¿populista radical, moderado, una mezcla de los dos? Lo que él sí sabe con certeza es que no podrá resolver los problemas que aseguró que resolvería.

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Aquí en Colombia Gustavo Petro intentará seguir vigente para las elecciones de 2022. Muchos son los imponderables que rodean esta perspectiva. De un lado, Petro cuenta ahora con el probable apoyo de gente de peso, tiene un gran contingente de jóvenes que le son afectos, mientras que en el centro político todavía no vislumbra una alternativa clara. De otro lado, Petro depende mucho de lo que le pase a AMLO, así como de la calidad de la gestión de Duque. ¿Mantendrá el perfil más o menos moderado que asumió en la 2ª vuelta o volverá al radicalismo de la 1ª? No se sabe.

Ojalá, en todo caso, que la tercera ola populista sea menos dañina que las dos anteriores. Eso, claro, tampoco es seguro.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

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