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Sat, 02/24/2018 - 12:00

¿Por qué Francisco ordenó investigar la pederastia clerical en Chile?

Los abucheos que recibió el papa en su visita a ese país en el pasado mes de enero hicieron que el Vaticano enviara a un sacerdote a escuchar a las víctimas de abuso sexual por parte de algunos sacerdotes. Esta semana terminó la jornada de escuchas y el informe será presentado ante el sumo pontífice.

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Cuando el papa Francisco terminó de oficiar la última de sus misas en la región de Iquique en Chile se escucharon fuertes abucheos. La ceremonia religiosa, la última de las tres que el sumo pontífice ofreció en el país austral, estuvo marcada por la poca asistencia de los feligreses a las eucaristías y precedida por fuertes protestas en contra de su llegada.

La estadía de Francisco en Chile, que se prolongó por tres días, no fue tan placentera comparada con su experiencia en otros países de la región. Esto, gracias en parte, a las múltiples acusaciones de abuso sexual en contra de uno de los sacerdotes más importantes de ese país y que ha sido fuertemente defendido por el Vaticano.

La cruz de la pederastia clerical persigue al Papa dondequiera que vaya. Sin embargo, en algunos lugares, el estigma es más fuerte y profundo. En Chile, por ejemplo, en los últimos 15 años, 4 obispos, 66 sacerdotes, 6 hermanos, 1 diácono y hasta una monja fueron denunciados y condenados por abusos sexuales. Una compleja situación que los chilenos no tardaron en recordarle al sumo pontífice en el momento de su llegada.

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En enero, previo a la llegada el papa a Santiago, las protestas por la visita papal fueron más fuertes que en otros países. El tema de los costos y de la pederastia clerical fueron centrales durante las manifestaciones, que incluso llegaron al punto de iglesias incendiadas y ocupaciones ilegales la sede de la nunciatura.

Francisco encontró una nación muy distinta a la que vio Juan Pablo II en su visita en 1987, cuando la gente abarrotó las calles con la esperanza de que propiciara el fin de la dictadura. En 2018, Su estadía estuvo marcada por las protestas y una asistencia baja a los eventos masivos, si se compara con lo ocurrido en sus anteriores recorridos por Colombia, Bolivia o Ecuador.

De todos los países de América Latina, Chile es donde el papa Francisco y la Iglesia católica tienen la peor valoración. De acuerdo con un informe realizado por Latinobarómetro, una ONG chilena, el pontífice recibe una calificación de 5,3 por parte de los chilenos, frente a un 6,8 del promedio regional (18 países que participaron en el informe).

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Aunque el divorcio entre los chilenos y la Iglesia católica comenzó casi después del final de la dictadura de Augusto Pinochet, fue en 2015 cuando la tensión incrementó entre ambas partes. El caso que provocó un antes y un después es el del sacerdote Fernando Karadima, condenado por pederastia luego de haber sido protegido supuestamente por el obispo de Osorno, Juan Barros.

La presencia de Barros en todas las ceremonias religiosas de Francisco fue una de las situaciones más cuestionadas de la visita papal. Los chilenos no comprendían cómo, mientras el papa pedía perdón a las víctimas de pederastia desde el atril, a su derecha se sentaba una de las personas que supuestamente habría colaborado a que esos crímenes quedaran impunes.

En 2011, el Vaticano había condenado a Karadima por abuso sexual a menores y lo relegó a "retirarse a una vida de oración y penitencia". La Justicia chilena, en tanto, declaró prescritos los cargos en su contra. Pero pese a las denuncias, en 2015 el papa nombró a Barros como obispo de Osorno, donde asumió en medio de fuertes protestas de feligreses.

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El ambiente enrarecido que rodeó la visita obligó a Francisco a tomar acciones frente a las investigaciones sobre pederastia. Tras su estadía en Chile, el sumo pontífice envío con motivo de urgencia al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, para que escuchara los testimonios que acusan a Barros de haber encubierto a sacerdotes pederastas.

Esta semana, Scicluna, comenzó una serie de reuniones con testigos del supuesto encubrimiento de abusos sexuales cometido por el obispo Juan Barros. La jornada se extenderá por cuatro días, de acuerdo con la nunciatura apostólica chilena y ha sido considerada como una apuesta del Vaticano para recuperar la credibilidad de un país cada vez más alejado del catolicismo.

El prelado comenzó este martes a escuchar los testimonios de las víctimas que acusan a Barros, tras haberse reunido el pasado fin de semana en Nueva York con una de ellas, Juan Carlos Cruz.

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En Santiago, Scicluna escuchó ya el testimonio de James Hamilton, otra de las presuntas víctimas de Karadima, que se mostró complacido por la forma en la que se llevó a cabo la reunión. "Estoy claro que los informes que salgan de Chile serán veraces y sinceros. No me queda duda que el monseñor Scicluna y su asistente van a ser veraces y van a transmitir lo que realmente está pasando en Chile", aseguró Hamilton.

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Sin embargo, debido a una complicación médica, este jueves la jornada de escuchas tuvo que ser oficiada por otro hombre de confianza de Francisco, el obispo español Jordi Bertomeu, oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El sacerdote escuchó el testimonio de José Andrés Murillo, otra de las víctimas de Karadima.

"Sentirse escuchados en un ambiente así de acogedor y de confianza nos hace sentir que estamos ante un proceso serio. Esperamos que pueda seguir escalando hacia arriba y que tenga las consecuencias necesarias", dijo José Andrés Murillo, ante la prensa local el pasado miércoles.

Jaime Coiro, el portavoz de la Conferencia Episcopal chilena aclaró que Scicluna viajó a Chile para abordar las denuncias contra Barros y no se hará cargo de otros casos de abusos sexuales en los que se han visto involucrados miembros de la Iglesia chilena.

El sacerdote explicó que los encuentros de Scicluna con personas que quieren entregar antecedentes del obispo Barros comenzaron este martes por la mañana y culminaron este viernes. Al ser preguntado por periodistas, Coiro afirmó que no puede descartarse que se inicie una investigación canónica con el informe final que Scicluna le entregará al pontífice.

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