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Sat, 08/25/2018 - 09:46

La cultura digital en mayores, una inclusión a medias

Más allá de enseñar a las personas mayores a manejar equipos tecnológicos, el reto está en que puedan adentrarse en una cultura que les permita ir en sintonía con lo que demanda la sociedad.

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En los últimos años nuestro país ha mejorado en temas de conectividad y acceso a TIC y hemos logrado ser reconocidos internacionalmente por implementar alternativas que buscan disminuir la brecha digital; pero aún hay tela por cortar, en especial cuando hablamos de la brecha digital marcada por la edad. 

Desde hace varios años he trabajado el tema de las personas mayores y su relación con la cultura digital desde abordajes psicológicos, pedagógicos y educativos. Mediante mi investigación he evidenciado que la población mayor de 60 años aún se encuentra lejos de ingresar por completo en la cultura digital, entendiendo esta no solo como las habilidades técnicas y aptitudes en el manejo de los dispositivos digitales, sino como un modo de vida de la sociedad contemporánea que propone otra lógica en la sociedad y las formas de relacionarnos.

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Cuando hablamos de brecha digital inmediatamente se piensa en desigualdades entre grupos marcados por categorías o condiciones sociales. Una de las primeras causas, generalmente referida para justificar tal desigualdad, ha sido el acceso a los dispositivos que se presenta entre quienes tienen la capacidad económica para adquirirlos y los que no.

Sin embargo, resulta insuficiente, pues más que acceder o no a los dispositivos, el factor formación incide drásticamente y ese caso se evidencia en el grupo etario de las personas de más de 60 años, quienes a pesar de tener un ingreso fijo como la pensión, que les permitiría comprar un computador, por ejemplo, no saben qué hacer con él y menos usarlo para su vida o mejorar las condiciones de su comunidad.

La alfabetización digital se ha convertido en el derrotero de políticas que buscan disminuir la brecha entre las generaciones. Así es posible ver en la ciudad espacios de alfabetización en los que las personas mayores van a aprender a usar el computador y reciben talleres de ofimática. ¿Pero eso es suficiente para poderlos integrar en la cultura digital? Por mi experiencia debo responder: no.

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Las intenciones son válidas, pero la formación en temas de tecnología se ha limitado a aspectos técnicos y prácticos en el uso del computador, dejando por fuera dos elementos sustanciales: las mudanzas en el uso y consumo de dispositivos y contenidos y la formación de ciudadanos digitales.

En cuanto al primer aspecto, hay que señalar que los computadores no son el principal dispositivo usado por las personas en general; pues los estudios demuestran que el smarthphone es el dispositivo más utilizado. Por otra parte, se ha evidenciado que las personas mayores prefieren usar dispositivos con sistema touch. Además, las personas mayores cada vez más se integran a comunidades virtuales por medio de redes como Facebook o WhatsApp en donde, a diario, reciben y comparten mensajes e informaciones con familiares y amigos. Así, el computador pasó a un segundo plano y el celular comenzó a ser el dispositivo por excelencia. Aunque los cursos de ofimática son buenos, existe el interrogante de ¿qué tan significativo resulta aprender eso en un contexto en el que cada vez más la sociedad nos exige actualizarnos en temas de comunicación y servicios electrónicos? 

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Si vemos, con el tiempo, la comunicación electrónica ha sido el mecanismo principal usado por entidades públicas y privadas con las que necesitamos tener contacto, por ejemplo: sacar una cita en la EPS, realizar una transacción bancaria o hacer un reclamo a una entidad pública, lo cual obliga a los ciudadanos a tener un mínimo de conocimiento en el uso de tecnología digital; algo que muchos manifiestan no poseer.

Esto resulta muy importante para esta población, pues como muchos casos, que ya se han visto, las personas mayores que desconocen los procesos electrónicos, por ejemplo con su banco, acaban siendo víctimas de abusos financieros por parte, incluso, de sus hijos, quienes aprovechan el desconocimiento de sus padres en estos temas y les manejan sus cuentas bancarias, reduciendo así su autonomía en el uso del dinero.  

En el segundo aspecto, muchas de las personas mayores con las que he tenido experiencias formativas y otras que participaron en mis investigaciones revelan la necesidad de conocer otros elementos que, aunque no tienen que ver directamente “con el manejo del aparato”, sí están relacionados con la necesidad de entender la lógica de lo digital, hacer un uso responsable de las tecnologías para beneficios individuales y sociales y conocer prácticas emergentes relacionadas con lo digital que puedan afectarlos o beneficiarlos. Esto incluye temas como aprender a distinguir entre fake news o e-mails engañosos, proteger la información personal y aprender las características de los dispositivos y planes de servicio de las compañías para no tener que pagar planes costosos por los servicios que usan.

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Otro tema importante que deben conocer es la participación y opinión política, pues si nos detenemos a pensar espacios virtuales como Twitter o Facebook se han convertido en generadores de agenda pública y espacios de debate alrededor de políticas y medidas gubernamentales que a la final nos afectan a todos, incluidas las personas mayores. Así pues, quienes no pueden acceder, no entienden la lógica o desconocen la existencia de estos espacios acaban al margen de discusiones de temas en los que deberían ser protagonistas y acabamos siendo los más jóvenes los que abogamos por los derechos de los mayores, sin que ellos se enteren de las decisiones finales que los afectan.

Si queremos mejorar la participación de las personas mayores en la cultura digital, hay que formarlos en prácticas contemporáneas exigidas por la sociedad que estén enlazados siempre a sus necesidades y que les permitan ser sujetos libres, autónomos y participantes activos en las discusiones contemporáneas. Por otro lado, necesitamos abrir espacios para socializar otros temas relacionados con derechos y deberes de los ciudadanos digitales que superan los 60, para que puedan tener voz en el ciberespacio y sean sujetos activos y constructores de conocimiento en esta cultura: la digital.

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* Psicóloga Universidad Nacional. Magíster en Educación por la Universidad Federal de Bahía, Brasil.

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