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Fri, 09/07/2018 - 21:00

Concha Buika: portadora de ilusiones y desilusiones

La cantante española de flamenco, jazz y soul logra transmitir las historias que cuenta con su música. Ella es una de las artistas invitadas al VII Mompox Jazz Festival.

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La primera vez que escuché a Concha Buika fue por casualidad. El algoritmo de mi plataforma musical preferida mandó la recomendación de una de sus canciones. Hasta ese momento estaba tranquila, pasando el tiempo con la música como soundtrack de una tarde cualquiera, hasta que Buika se convirtió en la protagonista.

No habrá nadie en el mundo me descompuso. Encontré el lenguaje universal del desamor y del dolor en una canción: “No habrá nadie en el mundo que cure la herida que dejó tu orgullo. Yo no comprendo que tú meimes con todo, todo y el amor que tú me diste”. ¿Cómo alguien podía cantar algo tan fuerte, tan duro, de una manera tan bella?

En ese momento entendí, exactamente, que esa falta de comprensión había sido la fuente de mi dolor unos años atrás, la primera vez que se rompió mi corazón. Sentí curiosidad por saber qué me respondería esa persona si yo le dijera eso, que no entendía que me hubieseimado sabiendo, también, que nos habíamos amado y mucho.

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Quizá no respondería nada, quizá tampoco sabría por qué. A veces cuesta mucho asimilar la complejidad de las relaciones humanas. Pero ahí seguía Buika, esa cantante española de padres guineanos, provocando toda esa reflexión personal en tres minutos y 49 segundos de flamenco.

¡Qué poderosa! ¿Cómo era posible que no la hubiera escuchado antes? Pasé varios días repasando sus discos y encontré mis favoritos: Niña de fuego (2008), en el que aparece No habrá nadie en el mundo y por el que recibió dos premios Grammy Latinos en las categorías de Álbum del Año y Mejor Producción; El último trago (2009), un homenaje a la gran Chavela Vargas, junto al pianista de jazz afrocubano Chucho Valdés. ¡Una delicia sonora!

Yo pensaba que no me podía gustar más Chavela Vargas hasta que Buika convirtió sus rancheras en boleros. De ese registro, Un mundo raro me hace suspirar: “Cuando te hablen de amor y de ilusiones, y te ofrezcan el sol y el cielo entero, si te acuerdas de mí, no me menciones porque vas a sentir amor del bueno”. Sí, me gustan las historias de amores contrariados y más si las cuenta la voz ronca y profunda de esta artista.

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No soy la única fascinada con ella. Un día, saliendo de El Espectador me encontré con Juan Carlos Rincón, el coordinador de opinión de este diario, y le conté que venía al Festival de Jazz de Mompox, por lo que vería a Buika. A Juan lo derrite su versión de Volver: “Tan pronto suena la voz de ella, con ese este amor apasionado, me transporta a un lugar de desazón y esperanza y melancolía y contemplación de lo duro que es amar de verdad. Se nota que es sincera; que dejó todo lo que tenía en ese cover. Una bestialidad”, me dijo.

Su trabajo musical Vivir sin miedo, de 2015, es mi tercer disco favorito y de ahí sale una de mis canciones predilectas: Sí volveré, que le valió otro Grammy Latino en la categoría de Grabación del Año. “Por qué jamás me hablaron de amor en el colegio (no lo sé, no lo sé, no lo sé), pero sí de invasiones y planetas”. Es el tema que define la inseguridad que uno siente cuando no tiene la certeza de que el otro le corresponda. Es simple, uno solo quiere saber si lo van a querer, si le corresponden.

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Así, la cantante afroespañola de 46 años, nacida en Palma de Mallorca, es una de las artistas con la que mejor he sabido identificar mi desamor y mis amores contrariados.

Concha Buika es una mujer preciosa, de tez oscura y cabello trenzado, quien tiene tatuados en el brazo los nombres de su abuela, su mamá y sus hermanas. Su herencia y su fuerza. Tiene la voz poderosa como la tienen las mujeres afro y logra matizarla de una manera perfecta para poder cantar flamenco, o lo que ella quiera, de una manera dulce.

Me da la impresión de que es delicada, por su voz y por su manera de hablar. Ha comentado en varias entrevistas que es una mujer sin etiquetas: no es gitana, ni de Nueva Guinea, ni ha sufrido distintas violencias por haber crecido en el barrio. Para ella lo que configura su mundo son las decisiones que ha tomado, no el mundo en el que creció.

Buika, como la mayoría de los músicos, es una nota libre y entiende que el amor y el dolor se viven igual en todas partes; tal vez ahí radica su increíble capacidad de interpretación. Se define como una portadora de ilusiones. Creo que uno de los logros más importantes de esta artista reside en eso, y no sé si es consciente de que no solo lleva ilusiones, sino empatía. Es capaz de hacerle sentir a alguien, al otro lado del mundo, su dolor o el dolor de otro, y eso no es fácil. No es fácil sentir lo que no se ha vivido y ella lo logra. Es poder hablar el lenguaje universal de lo que ella quiera, es un poder inmenso y esa es la esencia de que su música conmueva y de que incluso haga mejor el mundo.

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Parece, también, una persona espontánea y sin ataduras. En una entrevista, que llamó mi atención, Buika dijo que hablar era una condena ¿Cómo? Sí. Ella considera que es imposible hablar las 24 horas del día con elocuencia y, por lo tanto, alguna tontería o “gilipollés” va a salir. Para ella no es posible estar tantas horas tan “clever”. “Fair point”.

En la séptima edición del Festival de Mompox hay mucha expectativa por su presentación este sábado en una de las plazas coloniales de la población. Nadie sabe cuál será el repertorio, porque para ella la música es un momento mágico, una interacción genuina con su público. Quién sabe si este año vuelva a tocar el tema de la paz, en un país, que es lo que más añora.

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