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Hace 3 mins

¿Por qué los hombres le tienen tanto miedo a ser libres?

Vivimos en un mundo en el que no solo hay moldes de princesas para las mujeres, sino de machos para los hombres. Eso es cruel e injusto para ellos.

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Los ‘hombres de verdad’ deben: tener un pene grande y rechazar otros penes; ser agresivos; demostrar que son fuertes y que no tienen emociones; mantener controlado a su rebaño, ser leales y guardar los secretos de otros hombres; tener anos que se reserven el derecho de admisión; ser impositivos y autoritarios; ganar más que sus parejas; sacrificar sus vidas por el bien de la patria, y tener sexo con muchas personas para demostrar su virilidad.

Virginie Despentes, en su libro Teoría de King Kong, se pregunta: si ellos son el ‘sexo fuerte’, ¿por qué no existe una revolución  como la feminista –que busca la igualdad de derechos entre hombres y mujeres–, pero con hombres que quieran liberarse de todas las obligaciones, dolores y cargas que la sociedad les impone? Si las mujeres lograron organizarse y luchar por su  liberación, a pesar de la hostilidad que eso les implicaba, ¿por qué los hombres no podrían también rebelarse e inventar formas críticas y creativas de entender su propia condición?

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La autora plantea que las mujeres han sido en realidad el sexo fuerte, porque “han recorrido no solo la historia de los hombres, como los hombres, sino que han padecido su propia opresión”. Explica –citando a Ángela Davis– que en la esclavitud ellas eran violadas, además de trabajar y ser azotadas como ellos. Mejor dicho, las mujeres no deberían ser el ‘sexo débil’. Pero ser hombre, por muy impopular que suene, tampoco es fácil. 

Para Raewyn Connell, una de las pruebas más crudas de esa educación que los obliga a encajar en los modelos tradicionales de masculinidad se manifiesta en el valor que se les exige después de un castigo físico: “Si lloras eres una nenita”, “quiébrate galleta”, “no seas maricón”. Se censura cualquier exteriorización del dolor.

Estas ‘reglas del sentir’ los convierten en personas que tienen mayores dificultades para expresar lo que sienten y crecen sin herramientas para lidiar de forma sana con el dolor y la rabia. Connell también explica que “cuando el castigo corporal era legal, los muchachos recibían muchos más golpes que las muchachas.

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Además, los castigos no violentos continúan siendo aplicados más duramente a los muchachos”.

Los moldes de machitos y princesitas no solo son perjudiciales para las mujeres, también implican realidades crueles y absurdas para los hombres. ¿Por qué, mejor, no se dejan tocar hasta el corazoncito por sus propios deseos, esperanzas y emociones? Romper moldes implica enfrentarse a sanciones sociales y a obstáculos, pero vale la pena dar la pelea por un mundo donde ustedes no tengan que dar siempre el primer paso ni tener tanta presión sobre sus espaldas. Además, no hay nada más sexy que un ‘mancito’ con la fuerza para mostrarse vulnerable. 

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