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Thu, 08/09/2018 - 14:04
Opinión

Para aprender es clave sentir

Los vínculos afectivos entre un profesor y sus estudiantes son elementales para potenciar la adquisión de conocimientos, tan útiles para el colegio y la universidad como para la vida.

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Este año mis estudiantes y yo nos enfrentamos a las novedades que nos propone cuarto grado: pasamos juntos a otro nivel. Era director de curso de uno de los terceros y ahora estoy en uno de los cuartos. Debido a que cada año mezclamos los grupos, volví a encontrarme con muchos de mis antiguos alumnos.

Ha sido una experiencia interesante que volvamos a estar juntos, ya que nos presenta retos particulares. Por ejemplo, David, uno de mis estudiantes del año pasado, me dijo: “Edu, lo malo de volver a estar contigo es que tú ya conoces mis debilidades, pero lo bueno es que yo ya conozco las tuyas”. Me sacó una gran sonrisa y le contesté: “Tienes razón, pero lo más chévere de todo es que, como ya nos conocemos, podemos asegurarnos de ayudarnos mutuamente a mejorar esas debilidades”. Sonreímos mientras asentíamos simultáneamente.

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Además de parecerme divertida la conversación con mi estudiante, hubo algo en sus palabras que me llamó la atención: ponía en evidencia el camino de mutuo conocimiento que habíamos recorrido. En su afirmación, él no se refería a sus debilidades académicas, lo sé porque aseguró que él también conocía las mías y un estudiante como David aún no tiene las herramientas para encontrar mis falencias en el ámbito académico, que sí que las tengo. En realidad, él se refería a nuestras debilidades como personas, más allá de los roles y las relaciones de poder que imponen los marcos escolares.

Cuando hice esta reflexión me sentí profundamente satisfecho, porque estoy convencido de que antes de estudiantes y docentes somos personas, y es precisamente en ese espacio de humanidad donde se construyen vínculos arraigados con los niños que asisten a un colegio para aprender. Bien lo dice el español Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia: la emoción es uno de los mayores motores del aprendizaje. Como yo lo veo, es en la construcción de un fuerte vínculo entre maestros y aprendices que se abre la posibilidad de generar emociones externas para potenciar la adquisición de conocimiento. Esos lazos afectivos, tan positivos, hacen que las emociones siempre estén inmersas en cualquier proceso educativo.

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Una de las razones por las que decidí dedicarme a la educación fue la relación que tuve, y todavía tengo, con una profesora. Fue con ella que aprendí el valor de cuestionarme y cuestionar lo que me rodeaba, fue ella quien fortaleció mi placer por conocer y comprender, fue de su mano que entendí el poder que tiene ese vínculo basado en el afecto, el respeto y la admiración que debería hacer parte de cualquier proceso de enseñanza y aprendizaje.

(Los nombres de mis estudiantes y algunas situaciones han sido modificadas para proteger su identidad)

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